mayo 30, 2012

Tres meses

Me levanté al baño por culpa de la maldita sed que me da siempre cuando quiero arrancar de las cosas... y encontré a mi madre sentada, con el ceño enojado. "¿Qué te pasa, mamá?", le pregunté, creyendo que estaba molesta conmigo por no haber bajado a saludarla cuando llegó.
- Tres meses- fue su respuesta.
-¿Tres meses para qué?- pregunté yo, confundida.
- ... De vida- me dijo, y me miró con los ojos llenos de lágrimas.
Y yo, como buena hija que soy, la abracé en mi imaginación, pero en la realidad, sólo fui capaz de darme media vuelta, tragarme el nudo en la garganta y acostarme a dormir.
Ese momento en el que dices: "Ayúdame, por favor, me siento triste", y se ríen de ti porque creen que, como siempre, o estás haciendo bromas o estás exagerando.
Como la historia de Pedrito y el Lobo.

I'm Out

How I feel:

mayo 19, 2012

Escribir

Me acuerdo de una vez que escribí un cuento donde el personaje principal se suicidaba. Tenía 12 años. Cuando mi padre, que en ese entonces estimulaba mis incursiones en la escritura, encontró lo que había escrito guardado en alguna carpeta en el computador, me dijo que uno no podía matarse, que todos teníamos que "bancarnos" la vida, solitos si fuese necesario. Yo no le respondí nada. La verdad es que no tenía nada que decir. Entonces, frente a ese silencio que sonó como una especie de rebelión para sus oídos, tomó la decisión de borrar el archivo. Así tal cual, delete, suprimir.
En ese momento, aprendí dos cosas:
En primer lugar: a la gente no le gusta leer cosas en las que no ha pensado, no le gusta leer cosas que no ha vivido, y no le gusta que el resto ni piense ni viva cosas que ellos no han imaginado. En otras palabras, mientras seas juzgado, tu imaginación está limitada.
Y lo más importante, escribir es algo que puede influir en las personas. Las maneras son muy variadas, pero siempre, SIEMPRE, vas a causar un efecto. Aunque sea una sonrisa. En el mejor de los casos, una lágrima. Y por lo mismo, tienes que tener un cuidado inmenso con lo que escribes, porque aunque tu estilo sea la decadencia, debe respetar, por ilógico que suene, esa misma decadencia.

No me extraña que mi padre no haya leído nada de lo que he escrito desde entonces. 

Vi esto en el tumblr de una amiga y me hizo reír mucho, copiado de alguna página de internet de por ahí.

Como decirle a alguien que te gusta y salir bien parado.
  • TU: oye, tengo algo importante que decirte...
  • ALGUIEN: dime
  • TU: me gustas y soy batman
  • ALGUIEN: que?
  • TU: que soy batman
  • ALGUIEN: no pero...
  • TU: si, se que es impactante, pero soy batman
  • ALGUIEN: oye pero tu a mi no..
  • TU: ciudad gótica me necesita!!!!!!!!!!!!!! *se va*
  • ALGUIEN: ._.

mayo 03, 2012

Payback

Siempre me he jactado de no tener pelos en la lengua, de ser honesta con lo que digo y no filtrar mis opiniones. Por lo mismo no he dudado en describir a alguien con un calificativo negativo, cuando ese alguien resulta ser verdaderamente aquello que describo. Pero así como doy mi opinion sin filtro sobre los demás (si lo encuentro necesario), tengo que dar mi opinión acerca de mí mimsma con la misma severidad. Me corrijo, con mayor severidad.
Y bueno, ya que no puedo dar opioniones negativas acerca de mí misma frente a alguien con la misma honestidad (porque claramente la gente no va a querer hacerme "sentir mal", o en su defecto, que yo misma me haga "sentir mal"), tengo al menos este espacio para decirme a mí misma, con la severidad y crueldad que me caracteriza, que soy una pobre tonta que no debería gastar el precioso aire de este mundo.
Así es la vida, así es la democracia, así es la inmensa mayoría.

abril 28, 2012

Fin del mundo

El incendio comenzó al atardecer, cuando las gallinas digerían el trigo. Bastó tan solo una chispa, accidental quizás, pero traicionera, de esas que vuelan lánguidas como mariposas y se posan como por casualidad en la hierba seca. Ardió la hierba, luego los prados, luego los campos, y al caer la noche, hasta el bosque estaba siendo devorado por el fuego con una furia implacable, incontrolable, infernal.

Es un infierno, decían los campesinos, un caos. Los animales, sofocados por el miedo y calor, se mezclaban con la gente que miraba con una curiosidad morbosa la lenta agonía de las plantas. Los perros aullaban agitados, las liebres y los pumas se abrazaban despavoridos, los pájaros, en tierra, clamaban por ayuda a los cielos. Y los árboles, pobrecitos árboles, parecían estar pidiendo ayuda con ese bailoteo mustio que precede a la muerte por incineración.

Este era el caos apocalíptico que coronaba el fin del mundo. Poco a poco fueron cayendo calcinados hombres, mujeres, niños y perros, hasta que se apoderó del bosque un silencio casi sepulcral, interrumpido sólo por los chasquidos de la madera caliente de los árboles que aún tenían llamas lamiendo su corteza. Estos árboles, sin embargo, seguían vivos. Tan vivos, que en el momento en que la luz del sol volvió a cubrir los prados, cuando ya no hubo otra criatura viva que pudiese servir de testigo, sacaron sus raíces de las profundidades de la tierra con un sonido desgarrador, y, entre los terrones que saltaron disparados en todas las direcciones, lograron desplomarse y rodar sobre sus troncos, a orillas del riachuelo, hasta apagar el fuego que seguía acariciando sus cuerpos. Y luego, como si nada hubiese pasado, arrastraron sus raíces hasta sus lugares previos y sin mediar ninguna exlpicación, recuperaron su pasiva inmovilidad y su eterno silencio. Hasta que el fin del mundo cayera de nuevo sobre ellos.