octubre 17, 2011

Miedo

Tengo miedo de perder el control, que le pase algo a mi Dumba o a mi hermano menor, a las perras/zorras pelás, a las mantis religiosas, al viento cuando es muy fuerte, a quedarme dormida para siempre, a morir sola, de querer a alguien, de ser insensible forever, al cáncer, a andar en patineta, de mi papá cuando se enoja, de las pesadillas casi reales y de los sueños de fiebre.
Cuando tenga miedo de morir va a ser el día en que se confirme mi teoría de que no sirvo para vivir.

octubre 04, 2011

Es como decir ándate a la mierda... ¡pero no es en mala!

octubre 02, 2011

And that was the day that I promised I'd never sing of love if it does not exist...

octubre 01, 2011

Capricho

capricho.

(Del it. capriccio).

1. m. Determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original.

caprichoso, sa.

1. adj. Que obra por capricho y lo sigue con tenacidad. Es un niño malcriado y caprichoso.


Caprichosa, caprichosa soy. Quiero lo que no tengo porque no lo tengo, porque me gusta de repente sí y de repente no, pero cuando lo consigo ¡bam! pierdo el interés.

septiembre 29, 2011

Overcompensation

Todo es culpa de la maldita autoexigencia. No estar nunca conforme con lo que se tiene o con lo que se logra, nunca aceptar nada que no sea perfección. Añorar la perfección, buscarla desesperadamente, frustrarse inmensamente cuando te das cuenta que nada en esta vida es perfecto, pero seguir plenamente convencido de que quizás tú seas la excepción de la regla.
Suena egotista, ¿cierto? Lo triste es que no lo es. No es una costumbre que fortalezca o reafirme el ego, tampoco es algo que nazca de un ego muy grande. Es algo que nace más bien de la inseguridad, de la inconformidad, de una línea de pensamiento que siempre termina en culpa, en saber que pudiste haberlo hecho mejor (siempre puedes hacerlo mejor) y te deja con la sensación de que no eres lo suficientemente bueno. Nunca lo eres.
Porque, claro, te lo acepto, la manía de autoexigirse te lleva a hacer cosas brillantes de vez en cuando, a lograr una meta, a ser "lo más bueno" dentro de cierto grupo. Pero una persona inconforme es inconforme toda su vida, aún en los momentos cúlmines: siempre intenta sabotear sus éxitos porque en el fondo sabe que si termina su autoexigencia, su existencia en este mundo vale una mierda.
Eso no impide que lo intente con todas sus fuerzas: conformarse, engañarse, decirse a sí mismo: "no me importa, es sólo una situación, una circunstancia, es sólo un amor, son sólo amigos, sólo una nota, sólo un funeral, sólo una..."- y una infinidad de otros absurdos desprecios. Como si decir muchas veces que algo no te importa fuese a transformar la realidad en algo bueno.
Lo peor es que una persona autoexigente, dentro de su autoexigencia, desarrolla una "habilidad analítica saboteadora" que lo hace cuestionar todo lo que dice, siente o piensa. Así -y esto es lo más triste de todo-, hasta cuando se dice a si mismo que algo no le importa se cuestiona si lo dice en serio o es su subconsciente escondiendo su fracaso, entonces entiende que lo que dice es mentira y una mentira lleva a la otra, nace la maldita confusión, la culpa, y finalmente concluye con una gran muralla de frialdad y la incapacidad de sentir NADA.
¿Cómo se llega de exigirse mucho a no sentir? Fácil. Es el miedo al fracaso. Uno deja de confiar en sus habilidades, termina siendo su propio juez, casi con un estilo militar y comienza a subestimarse. La subestimación es la herramienta de los autoexigentes para bajar la vara, para evitar decepciones. Si uno subestima sus habilidades, tiene miedo de emprender cualquier empresa. El que no juega, no pierde y el que no pierde es feliz, feliz hasta que se da cuenta que en realidad no es felicidad lo que siente (nunca lo será) sino mas bien una extrema insensibilidad frente lo que sucede a su alrededor.

septiembre 23, 2011

Desconexión

Tenía epilepsia, esquizofrenia y también un cable que nacía de su cabeza. El cable salía directamente de su cerebro, a través de un agujero que traspasaba el cuero cabelludo, luego el cráneo, luego la cúpula gris llena de pliegues hasta llegar a esa sustancia color queso, siempre tibia y blanda. El cable era una conexión directa a su pensamiento, a su alma, eso creía él al menos.
Entonces, para descubrir qué se sentía ser alguien normal, para entender para qué mierda le servía ese cable que tenía dos patas metálicas como cualquier otro cable, Joaquín decidió enchufar su cerebro a la corriente.
Luego de una rápida descarga que lo dejó con los pantalones meados y una taquicardia severa, pudo por fin llegar a la conclusión que no siempre es bueno estar "enchufado".

septiembre 07, 2011

Llenar de defensas al corazón puede ser peligroso. Entregarse a no sentir es entregarse a la rutina de conocer amores de una noche con su correspondiente depresión de la mañana siguiente. “¿Para qué lo hice?” se vuelve tu gag. El problema es que sabes porque lo hiciste: lo hiciste porque es más fácil, cómodo. No hay muchas vueltas.
“¿Para qué lo hice?”. Lo hiciste para que no sepa cuál es tu banda favorita y te regale un disco que no tenes. Lo hiciste para que no sepa que pedir por vos cuando van a comer a algún lado o cual es el regalo perfecto para tu cumpleaños aunque falten once meses. Lo hiciste porque no querías pasarle tu Facebook y que investigue cuál es tu película favorita para invitarte a verla a su casa una noche de lluvia. Lo hiciste porque te prometiste no volver a caer en todas esas cosas que te parecen asquerosamente patéticas pero que extrañas horrores.

http://imaginarparatransformar.tumblr.com/post/9858386707/llenar-de-defensas-al-corazon-puede-ser-peligroso